Los malos matan a los buenos
Néstor Medrano
Santo Domingo.- Lágrimas
de sangre han llorado cientos de familias en todo el país por los
asesinatos cometidos por criminales contra jóvenes profesionales,
estudiantes, comerciantes y policías. En algunos casos
estas acciones han tenido como móvil robar un celular, como ocurrió en
el 2006 con la joven Vanessa Ramírez Faña, en Santiago, y en otros
casos por unos cuantos pesos para comprar droga, como sucedió con la
joven ejecutiva bancaria Kaysha Patricia Requena Grullón, en el
ensanche el Millón del Distrito Nacional.
En cada una de estas
muertes violentas de personas productivas, el dolor para sus familiares
ha sido desgarrante y aunque la Justicia ha dictaminado la pena mayor
en algunos de ellos, quedan los cuestionamientos de sectores
importantes sobre la benignidad de un Código Procesal Penal, que desde
estamentos oficiales y no oficiales, se empeñan en mantener vigente,
sin modificaciones y con mil salidas y garantías para los delincuentes.
Tampoco se visualiza una salida a la cantidad “sin cifras
oficiales” de niños que son entrenados en el arte negro de los
asesinatos por encargo, o como microtraficantes de narcóticos, y que
por esa condición de minoría de edad, hay una madeja legal que les da
luz verde para cometer sus crímenes sin sanciones ejemplarizantes
claras. Los ejemplos están ahí. Los atracadores, las pandillas y
el crimen prohijados por el tráfico de drogas en los barrios, utilizan
para sus fines a vándalos que no discriminan a la hora de cometer sus
fechorías, y donde más duele, es cuando las vidas que extinguen de
manera trepidante son de personas que con sus trabajos y sus estudios
hacen un aporte a la sociedad. De lo reciente a lo pasado Aunque
la Policía Nacional actuó con prontitud en el caso y capturó a un señor
llamado Milton Noel Arias Cabrera, conocido como La Rabia, de 22 años,
Deivi Manuel Pérez Tapia, de 21, y un adolescente, para la familia, la
pesadilla se hace más cruda al constatar, como en otros casos
importantes, que los ejecutores de la víctima son jóvenes que salen de
la adolescencia y menores de edad, por lo que hay quienes se preguntan,
¿dejaremos que la juventud sea tragada por la delincuencia? Otro
botón de muestra de que los malos están extinguiendo las vidas de los
buenos, sin ningún control, lo constituyó el horrendo asesinato en
Barahona, de Elba Salvador Jiménez, profesora y valiosa activista
social, quien a sus 68 primaveras quizás soñó alguna vez con un retiro
gratificante a sus más de 40 años de magisterio, pero solo obtuvo uno
sangriento y sorpresivo, cuando dos delincuentes la sacaron de la vida
a balazos, en momentos en que ella se resistió a entregar su cartera,
en un clásico y mortífero atraco. Lolina, como le decían sus allegados,
recibió una herida con orificio de bala en el hemitórax derecho. Conmoción con Kaysha Allí se lloró por la injusticia.
Sobre todo cuando uno de los delincuentes conocido como Cara de Beta,
afirmó que el objetivo del asalto era obtener dinero para “meter
drogas”. Para los amigos de Kaysha y los vecinos del residencial
no hubo paz y mucha fue la cera de velas encendidas que se sembraron
como hileras de tristeza e impotencia en las calles y aceras del
sector, en protesta por el asesinato. Ella llegaba de su
trabajo al momento de ser interceptada. Kaysha se había graduado con
honores de la carrera de Sicología Industrial en la Universidad
Católica de Santo Domingo. Tragedia por un celular Este crimen, ocurrido en el 2006
estremeció no solo a Santiago sino a todo el país, y mostró el rostro
hambriento de lo que muchos consideraron entonces la degradación
material y de valores, en que se sumía el país, con lo cual se criticó
la ausencia de políticas preventivas efectivas en el régimen policial. Se
recuerda que parte del dolor fue extirpado con los apresamientos y
posteriores sentencias de Iván Ventura, conocido como Cloret, a quien
se acusó de halar el gatillo; cumple 30 años, Amaury Germán Tavárez y
Ricardo Reyes, sobre quienes recayeron condenas de veinte años,
mientras que Francis de Jesús García, solo recibió cinco años de
prisión por haber prestado su motocicleta para cometer el atraco. Además
de estudiantes, profesionales, comerciantes y policías, la delincuencia
no ha parado mientes a condición social, rango ni sexo para llevar el
luto a la familia dominicana. Otro de los casos estremecedores fue la
muerte a tiros de la mayor de la Policía Nacional Paula Mercedes,
adscrita a la Autoridad Metropolitana de Transporte. El
hecho ocurrió el 10 de noviembre del 2008 a las 8:30 de la noche en la
intersección de las calles Rosendo Álvarez y la César Augusto Sandino,
del ensanche Claret, en el Distrito Nacional, en momentos en que
llegaba a su casa. La historia se repetía: la Policía informaría luego
que cinco jóvenes habían matado a la oficial, y sus edades rayaban los
veinte años. El comerciante Juan Francisco Durán, de 37 años, un
hombre querido por la familia y por lo vecinos, fue asesinado en
diciembre del 2009, cuando llegaba a su casa en la calle número 2 de El
Ciruelito, en San Francisco de Macorís. Los tipos que lo sorprendieron
lo enfrentaron a tiros, pues, con buen brazo trató de defenderse, pero,
cayó de bruces muriendo al instante. BUENOS AGENTES DE LA PN TAMBIÉN HAN CAÍDO Y,
en la experiencia diaria, hemos constatado y discutido, a veces con
cifras no claras de algunos organismos internacionales, que la
población criminal en un altísimo porcentaje de mayor peligrosidad está
compuesta por adolescentes recién salidos de la niñez y jóvenes no
mayores de 20-25 años, con hogares en degradación,, como bien indica
cualquier informe del Programa Mundial de Alimentos o el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los
asesinatos de Vanessa, Kaysha, Elba y otros, quedarán en la memoria por
mucho tiempo, como ejemplo del dolor y el desgarro que causan los malos
cuando matan a los buenos.
El
caso más reciente sucedió en marzo cuando la joven Martina Natacha
Féliz de la Cruz, de 22 años, estudiante de término de la carrera de
Ingeniería y empleada de la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo,
cayó abatida por un balazo mortal en la cabeza, en el preciso momento
en que cruzaba una calle en Las Caobas, Herrera, donde dos pandillas se
tiroteaban en una de las ya famosas disputas por un punto de drogas.
En
junio del año pasado el asesinato de la joven Kaysha Requena Grullón,
gerente de Recursos Humanos de un banco privado, alcanzada por varios
impactos disparados por dos pandilleros, confesos drogadictos que se
desplazaban en una motocicleta, abrió una arteria de terror entre sus
familiares de San Francisco de Macorís y en el vecindario del
residencial El millón.
La
sentencia condenatoria de 30, 20 y 5 años a los asesinos de la joven
estudiante de medicina de Santiago, Vanessa Ramírez Faña, 18 años, no
fue suficiente para reparar el dolor de los padres, familiares y amigos
de quien fuera despojada del último hálito solo para arrebatarle un
teléfono celular.
En
enero de este año, Joan Manuel Gómez, de 30 años, con un carnet de
alistado de la Policía, que en sus horas libres se ganaba la vida como
mensajero de la empresa de apuestas Naco Sport, fue asesinado por dos
delincuentes, para arrebatarle un maletín en el que transportaba el
dinero de las ganancias del día.
La tragedia tuvo lugar en Los
Mina. Igual suerte corrió en diciembre del 2009, el primer teniente
policial, Juan Carlos Expósito Henríquez, baleado, al intentar evitar
un atraco en el Colmado Bienvenido de Los Alcarrizos.
Esos celulares Las tragedias se repiten.
También
en Santiago otro joven estudiante de ingeniería civil, Manuel Henríquez
Pérez Peña, con 19 años de edad fue muerto por varios asaltantes
quienes le robaron un celular.
¿De quién es la culpa? No existen
registros oficiales y los periodistas debemos acudir a la memoria de
los archivos digitales, o al tío Google para obtener informaciones.
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