Escrito por: Leisy Torres
Lunes 21 de Febrero 2011.
Santo Domingo.-Contrario a lo que ocurre en otras latitudes, llegar a viejo en la República Dominicana significa -en muchos casos- una desgracia.
Esto se debe, fundamentalmente, a que en el país no hay una política ni programas efectivos que garanticen la protección de los envejecientes, muchos de los cuales malviven de la caridad pública en condiciones paupérrimas.
Ni hablar de una vivienda digna o el pago de los servicios básicos.
Esta triste realidad deja prácticamente en la indefensión a miles de hombres y mujeres que en sus años de edad productiva lo dieron todo por su familia, sus empresas y el país.
Y peor aún, muchos sufren no sólo el abandono y el olvido del Estado y de la sociedad en su conjunto, sino también maltrato, física y psicológicamente, de los mismos seres a quienes entregaron los mejores años de su vida.
Según Rafael -Pepe- Abreu, presidente de la Confederación Nacional de Unidad Sindical (CNUS), hay más de 15 mil trabajadores que llevan hasta ocho años esperando que les salga su pensión. Algunos de ellos trabajaron hasta 30 años, y al final terminaron tirados como bagazos, dijoAbreu.
Mientras que la coordinadora de la Red Dominicana por una Vejez Digna, Rosy Pereyra, tildó de precaria la cobertura de salud y pensiones en el país.
La realidad de los envejecientes está peor que antes, porque las medicinas están más caras, la comida también y los recursos son menos, dijo la geriatra.
Sólo RD$500
Si bien en los últimos años se han hecho algunos esfuerzos por paliar la situación en que viven muchos de estos desamparados, en el plan de Asistencia Social de Gobierno apenas hay unos 75 mil ancianos beneficiados con la Tarjeta Solidaridad, a través de la cual el Estado dominicano les aporta la pírrica suma de RD$500 mensuales.
Por su lado, el Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha afiliado 243,509 envejecientes al Régimen Subsidiado.
Y a pesar de estos diminutos puntos luminosos el Gobierno central luce indiferente a la desgracia de cientos de miles de viejitos que más que disfrutar los últimos años de su vida desean la muerte “para descansar” del calvario en que “viven”.
Pero no sólo el Gobierno central es indiferente e ineficiente en el trato hacia los ancianos, sino también las alcaldías, ya que la Ley 352-98 de Protección al Envejeciente establece que el 10% del presupuesto de los gobiernos locales debe ser distribuido equitativamente entre los asilos y centros diurnos del municipio.
Asimismo, la Lotería Nacional debe destinar el 1% de cualquier monto ganado en efectivo por quien o quienes resulten oficialmente agraciados, pero este reglamento tampoco es cumplido en el país, según Pereyra.
RD$300 para Ramona
Ramona Jiménez, de 79 años, se levanta todos los días a las 6:00 de la mañana para pedir limosna frente a la iglesia Las Mercedes, en la Zona Colonial. Esa es la única forma de sobrevivir, ya que los únicos ingresos fijos que recibe son RD$300 que le da el Gobierno.
A la mujer le sobran los problemas y le falta una pierna. Con todo, llueva, truene o ventee tiene que salir de la cama para pedir o morir de inanición. “Tengo que conseguir por lo menos RD$70 diariamente, para pagar los RD$1,800 de la habitación donde vivo, y como de lo que me dan los vecinos y una hermana mía”, dice la mujer.
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