El pez tubería extrae nutrientes de sus propios hijos en un comportamiento que podríamos calificar de canibalismo filial.
Los peces tubería (Syngnathus typhle), que están emparentados
con los caballitos de mar, cuidan de sus propias crías al igual que
éstos, salvo de aquellos a los que se come como un Saturno devorando a
sus hijos.
A pesar de que es la hembra la que pone los huevos son los machos los que cuidan de los huevos, recibiéndolos de las hembras y dándoles cobijo durante un largo periodo de tiempo en una bolsa especial en donde los incuba. Allí el macho recrea una especie de placenta que proporciona a los embriones oxígeno y nutrientes. Con esto se aumentan las posibilidades de supervivencia de la descendencia pues están más a salvo de los depredadores y mejor alimentados que si la hembra abandonara los huevos en el medio.
Las hembras regulan el tamaño de los huevos en relación al tamaño del macho. Aunque los machos ajustan la cantidad de oxígeno que transfieren a su prole en respuesta de la cantidad de oxígeno disuelta en el agua, algunos de los embriones pueden padecer hipoxia (carencia de oxígeno), especialmente los procedentes de huevos más grandes.
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